martes, 12 de mayo de 2009

La justicia venezolana se pone lentes oscuros para demostrar que es ciega

Al igual que lo hacen los delincuentes que se colocan lentes oscuros para pedir limosnas, aparentando ser ciegos, la justicia venezolana, ante el desprestigio mundial que tiene, por el triste papel que esta jugando como cómplice de un gobierno forajido, donde se utiliza a la justicia como herramienta política para la represalia y la venganza; ha decidido lavarse un poco el rostro, y colocarse lentes oscuros, intentando demostrar que es ciega de verdad.

Esta reflexión la hago con el propósito de llamar la atención a algunas opiniones de respetables venezolanos, quienes califican como una cortina de humo, los juicios anunciados por corrupción para Juan Barreto, Eduardo Manuitt Carpio, y otros connotados chavistas expulsados del partido de gobierno, pero aún identificados con el proyecto revolucionario de Hugo Chávez. Se especula, que el teniente Diosdado Cabello, uno de los nuevos ricos más prominentes del país, al fin será llevado a la justicia. Veremos para creer.

La credibilidad del sistema de justicia venezolano a nivel de nación ha caído dramáticamente. A nivel latinoamericano empieza a notarse con mayor intensidad y contundencia, la realidad que los venezolanos denunciamos al mundo permanentemente, de que en Venezuela no existe estado de derecho, y la justicia no es tan ciega como debería ser.

Condenar a 30 años de prisión a 7 policías y a 3 comisarios de la policía metropolitana por los hechos ocurridos el 11 de abril de 2002, sin ninguna prueba que los imputase como culpables, mientras que los verdaderos asesinos materiales de la referida matanza, fueron liberados y exonerados de toda culpa en un juicio rapidísimo y amañado, que no tiene parangón ni punto de referencia o comparación en la justicia latinoamericana.

El comentario de Hugo Chávez, hecho por radio y televisión en cadena, en una de sus tantas campañas electorales, de que metería preso a Manuel Rosales por corrupto, se tomó como una orden militar, y esta se cumplió diligentemente por todos los organismos del estado. Se inventaron y alteraron pruebas, erradicaron el juicio de su sitio natural del Zulia a Caracas, desempolvaron un expediente archivado y desechado por falta de pruebas contundentes, acosaron al indiciado en forma grosera y desproporcionada, e irrespetando su investidura de alcalde en ejercicio, prepararon y escribieron una sentencia anticipada de 30 años, antes de que se realizara la primera audiencia. Todas estas rarezas o patrañas obligaron a Manuel Rosales a ausentarse del país, para proteger su integridad física, la cual consideró estaba seriamente amenazada.

La forma como el chavismo, con leyes totalmente ilegales y violatorias de la constitución vigente, emitidas con evidente genuflexión por la Asamblea Nacional, y avaladas por la Fiscalía, el Tribunal Supremo de Justicia, y la Defensoría del Pueblo, han intentado imponer un sistema político socialista y abolir el sistema de gobierno descentralizado que tanto costó a los venezolanos concebir y aprobar, para dotar a las regiones de poder, antes concentrado en el poder nacional o de la presidencia de la República; demuestran en gran nivel de indefensión en que nos encontramos los venezolanos.

Para neutralizar al opositor alcalde mayor Antonio Ledesma, electo por el voto popular, crean un mamotreto de organización, con un funcionario nombrado a dedo, que pretende fungir de gobernador del Estado Capital, cercenándole los derechos políticos y ciudadanos al actual Alcalde Mayor, quién según la constitución debería asumir tales responsabilidades.

El caso del banquero Eligio Cedeño, quién está preso desde hace más de dos años, por un supuesto fraude tributario y desviación de recursos, que los jueces no han podido comprobar, es otra de las manchas imborrables que tiene la justicia venezolana. Está detenido, sin juicio ni sentencia de culpabilidad. Fue arrestado en febrero del 2007 por haber colaborado con el Consorcio MicroStar en la obtención de dólares para la adquisición de mercancías que no llegaron al país. Se dice que es un preso político personal del presidente Hugo Chávez.

Actualmente se lleva cabo una huelga de hambre en una de las cárceles del estado Anzoátegui, por presos comunes, huelga con la que se han ido solidarizando diferentes cárceles del país, quienes reclaman justicia y trato humano a sus casos. Al parecer son cientos de miles de expedientes de presos sin decisiones ni juicios, donde inocentes y culpables mueren a diario por diferentes razones, con condiciones de vida realmente inhumanas y deplorables.

Todas estas arbitrariedades violatorias de la constitución y de las leyes venezolanas, han sido cometidas impunemente con la participación activa y diligente del Tribunal Supremo de Justicia, quienes en una actitud extremadamente sumisa, evidenciando ampliamente, que desdice de su independencia, ya que actúa con parcialidad en favor del poder ejecutivo.

Nos preguntamos: ¿Qué otra cosa hacen los jueces venezolanos, además de cobrar un maravilloso sueldo, e irse de vacaciones 4 veces al años? Esa es la pregunta que se deben estar haciendo los presos comunes, inocentes o culpables que se encuentran sobre viviendo hacinados en las cárceles venezolanas, y los cientos de perseguidos políticos que están siendo arremetidos inmisericordemente por esta dictadura tiránica.

Es posible, que el chavismo se dio cuenta de lo inconveniente que es para la solicitada amistad de Hugo Chávez a Barack Obama, que el sistema de justicia venezolano sea tan parcial y muy poco profesional, como es sabido en gran parte del mundo, y pretenda intentar revertir esa matriz de opinión. En consecuencia decidió aparentar que en Venezuela la justicia se aplica correctamente, es imparcial y ciega, ya que empieza por casa.

Habría que esperar a ver si Hugo Chávez ordena juzgar a sus padres, hermanos, primos y sobrinos por corruptos, según se ha denunciado en diferentes ámbitos, por diferentes denunciantes. Seguramente, también invitará a su gran amigo y colaborador Rafael Ramírez a que pase por los tribunales de justicia para aclarar tantas demandas de corrupción que han ocurrido y ocurren comúnmente en PDVSA.

No es con el uso de lentes oscuros que el Tribunal supremo de Justica demostrará al mundo que es imparcial, independiente y ciega. Se necesita mucho más que eso. Personalmente creo que solo se trata de un lavado de cara, vistos los extremos jurídicos vergonzosos a los que se han atrevido llegar. Es posible también que se trate de un mea culpa de algunos jueces que se han decidido a no seguir ocultando lo inocultable, y desean recuperar algo de la vergüenza perdida, si es que han tenido alguna en el ejercicio de sus profesiones.

Publicado en: Analítica.com

Por: Guillermo A. Zurga

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